Rosmarinus officinales
Plantas mágicas

Licor de romero o la poción de la eterna juventud

Cuentan que la reina Isabel de Hungría bebió un brebaje de licor de romero y se volvió bellísima a los 72 años. ¿Tiene el romero propiedades mágicas? A la monarca húngara le funcionó: el rey de Polonia quedó prendado de ella

Rosmarinus officinalis
El romero es conocido por sus propiedades mágicas

Cremas, operaciones, botox, ‘lifting’… retrasar la vejez parece el sueño de media humanidad y quién sabe si la solución no estará al alcance de la mano gracias a las propiedades mágicas del romero. Al menos, sirvió a la reina Isabel de Hungría en el siglo XIV para pescar marido. Ella estaba enferma de gota, contrahecha del reúma y muy envejecida a los 72 años. Pero con la ayuda de un ángel (y ahí puede estar el problema para lograr la misma pócima hoy en día) fabricó un elixir con flores de romero destiladas y maceradas en alcohol.

Con este licor, se frotó todo el cuerpo y así se libró de la gota, del reúma y de las arrugas. De nuevo bella, encandiló al rey de Polonia que pasaba por ahí y, colorín colorado, este cuento se ha acabado. A esta pócima se la ha llamado durante siglos «agua de la reina de Hungría» y se ha vendido hasta hace pocos años.

El romero y la curación de enfermedades

Las pócimas de romero formaban parte de los manuales de plantas mágicas. Tan popular era esta leyenda que la religión cristiana intentó dar caracter sagrado a las propiedades mágicas del romero. Algunos, como Fernán Caballero (seudónimo de la escritora Cecilia Böhl de Faber), aseguraba que la Virgen había puesto a secar esta hierba sobre la ropa del niño Jesús, por lo que el romero adquirió sus propiedades mágicas. De hecho, en algunas zonas de España el romero se coloca en el interior de las tumbas para proteger el espíritu del difunto.

Además, los sanadores utilizaban en la Edad Media las el romero para curar enfermos. En el momento del crepúsculo, rezaban ante la planta y, finalizada la oración, arracaban dos ramas. Con ellas, formaban una cruz y la envolvían en una bolsa de lino, que entregaban al enfermo.